El de Mojácar es otro de esos casos en los que la identidad está bien definida y la propuesta de valor diseñada. Ya veíamos, al analizar el caso de Níjar, cuán necesaria es la identidad para que un territorio pueda competir en buenas condiciones a la hora de atraer visitantes, consumidores, inversores y eventos.

En ese sentido, es necesario conocer qué imagen tienen los potenciales visitantes del territorio, y contrastarla con la que el territorio desea tener.

Cuando hablamos de identidad nos referimos, por tanto, a la imagen que se percibe del conjunto de características de un territorio (historia, ubicación, productos, recursos, etc.), que le permite diferenciarse de otros y lograr un posicionamiento para competir.

Simplificando mucho y reduciendo los conceptos a su esencia, podemos definir la identidad de Mojácar como la de un bonito pueblo blanco de costa, tranquilo, rural y típicamente andaluz de día, y de movida, juventud, discoteca y diversión por la noche.

Calle de Mojácar

Esta dualidad se refleja en el territorio, que cuenta con dos zonas definidas: el pueblo y la playa. El pueblo es, como ya hemos visto, un pueblo blanco de gran belleza, rústico y de calles empedradas.

Hay 17 km. de costa, en los que el visitantes puede disfrutar tanto de playas vírgenes, ideales para los más solitarios, como otras más turísticas, dotadas de numerosos servicios. En cuanto a alojamiento cuenta con un moderno y espléndido parador nacional.

Es en la zona de playa donde se concentra el ambiente en las noches de verano. Multitud de jóvenes se ven atraídos a los chiringuitos y discotecas, dando a la playa un aspecto completamente distinto de noche y de día.

El territorio cuenta incluso con un producto icónico, que funciona muy bien en la venta de recuerdos: el indalo, que a pesar de ser un símbolo de identidad de toda la provincia de Almería en Mojácar han posicionado para que ningún visitante se marche sin su ejemplar, sea en forma de colgante, pendiente, imán, pegatina…

A la larga, esto supone la existencia de dos tipos de clientes diferenciados, que se ven atraídos por dos ofertas distintas.

Todo ello permite que hayamos llamado a la estrategia territorial de Mojácar “la pequeña Ibiza”, ya que su identidad es muy semejante a la de aquella, a una escala menor. El reto que es plantea en el futuro es el de desarrollar los dos ambientes para buscar sinergias positivas, y eliminar los posibles inconvenientes que puedan darse a la hora de compatibilizar los dos ambientes, el nocturno y el diurno.