El caso de la comarca de Níjar es el de un territorio con recursos que no se aprovechan en todo su potencial a causa de un problema claro: la falta de identidad.

Estos problemas de identidad comienzan ya desde el nombre de la comarca. El de Níjar es uno de los municipios más extensos de España, conformado por varios núcleos de población: Campohermoso, San Isidro, Pueblo Blanco, Atochares, San José, Las Negras, Rodalquilar, Carboneras, La Isleta del Moro, Los Escullos…

Los consumidores no tienen una percepción clara de Níjar, a la que se refieren con este nombre y otros: Campo de Níjar, Comarca de Níjar, Cabo de Gata… las confusiones se extienden a hechos concretos. Encontramos, por ejemplo, alojamientos y hoteles que se llaman “Cabo de Gata” pero se encuentran fuera de los límites del Parque Natural. Todo ello alimenta la confusión.

Sin embargo, Níjar cuenta con recursos valiosos y de calidad. San José es el núcleo más turístico, rodeado a ambos lados por montañas de origen volcánico y bellas playas. Genoveses y Monsul son las dos playas vírgenes más emblemáticas del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. La bahía de San José, de fina arena dorada, cuenta con una gran afluencia turística y una amplia variedad de servicios que le han valido la distinción de Q de Calidad y Bandera Azul.

Fotografía de Inforural

Fotografía de Inforural

No son los únicos distintivos. De hecho, hay pocos territorios con tantos reconocimientos a sus valores ecológicos, ambientales, paisajísticos y culturales como Cabo de Gata-Níjar: Parque Natural de Andalucía, Zona de Especial Conservación para las Aves (ZEPA), Humedal de Importancia Internacional (RAMSAR), Reserva Marina, Lugar de Interés Comunitario (LIC), Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo (ZEPIN), Geoparque y Reserva de la Biosfera, estas dos últimas otorgadas por la UNESCO.

Y, a pesar de todo ello, Níjar no cuenta con una identidad marcada, ni, por lo tanto, con una propuesta de valor definida (es amplia, difusa, poco enfocada), lo que dificulta dirigirse de forma directa a los clientes potenciales más rentables.

Pero, ¿cómo se construye la propuesta de valor de un territorio?

Los elementos que contribuyen al éxito a la hora de definir la propuesta de valor son tres: identidad, magia y excelencia.

La identidad

A medida que se modernizan, los territorios se parecen cada vez más unos a otros, y se hace difícil distinguirse como un foco de atracción para visitantes, inversores, consumidores y eventos. Sin embargo, para estar en mejores condiciones de competir se hace imprescindible conocer y configurar dos elementos: la imagen que se percibe de un territorio desde fuera, y cómo quiere ser percibido de acuerdo a su identidad y visión de futuro.

 Por tanto, la identidad es una de las variables estratégicas más importantes de un territorio. En la actualidad vivimos en un mundo de percepciones que resaltan por encima de las realidades objetivas, y es en la mente del cliente (habitantes, visitantes e inversores del territorio) donde debemos posicionarnos correctamente.

La identidad debe ser cara y reconocible. Debemos asociarla a un nombre, un término, una señal, un símbolo, un diseño o una combinación de estos elementos, que identifique al territorio con una temática y lo diferencie de los demás. Esta temática es su bandera para competir como territorio.

Finalmente, la identidad de un territorio debe tener siempre relación con su ubicación y su historia. En el caso de Níjar, esta falta de identidad viene precisamente de su conformación confusa, con varios centros poblacionales, con diferente terminología.

La magia

La temática que constituye la identidad no debe quedar en un mero nombre, término o símbolo. Debe convertirse en una herramienta estratégica en la percepción de los clientes.

El siguiente paso es pasar de vender productos y servicios a vender sensaciones y soluciones, que supone incorporar al proceso de venta los valores intangibles y emocionales de los productos, que van aparejados a la identidad. Los consumidores ya no buscan productos y servicios, sino que van más allá: buscan “vivir experiencias”. Es ahí donde entra la magia.

La excelencia

Finalmente, para terminar de construir nuestra propuesta de valor territorial es necesario concienciar a todas las partes implicadas en la búsqueda del éxito del territorio: que es primordial cumplir y sobrepasar las expectativas de los clientes, elaborando los productos y prestando los servicios de manera excelente, cumpliendo siempre con los estándares de calidad definidos, sin improvisaciones.

¿Qué os parece? ¿Seríais capaces de definir la identidad, la magia y la excelencia de vuestro territorio?